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ÁNGEL CAÍDO
-- El inicio --
Cuando entré a nuestra habitación, él ya estaba golpeándola Ver a mi madre postrada en un rincón, llorando presa del miedo; ver a mi padre con los ojos furiosos y las manos culpables y ávidas de maldad; verlos así, tras muchos años de indiferencia mutua, matándose nuevamente: todo ello me destruyó.
Yo a penas era un mocoso de catorce años y ya había experimentado cosas que un niño nunca debería probar. Saber que para ellos no soy más un accidente, un despojo no deseado hizo, que en la medida que pasaba el tiempo, surgiera en mí, como un ángel caído levantándose de entre los escombros tras ser expulsado del Paraíso, un profundo odio hacia mis padres ¡Pero nunca pasó por mi mente manchar mis manos de sangre!
Como a menudo me pegaban mis propios progenitores, a escondidas, un noble maestro de karate, estremecido por mi caso, me había inculcado en el camino de las artes marciales, lo suficiente como para adelantarme a los movimientos de mis oponentes con una precisión, velocidad y potencia escalofriantes. Esa gran persona, de carácter justo e idealista, siempre me decía que mi mayor punto débil eran mis sentimientos de venganza y si no los superaba, algún día terminaría haciendo algo de lo cual me arrepentiría toda mi vida. No estaba equivocado. Lamentablemente él tuvo que emprender un importante viaje al exterior por, al parecer, el repentino fallecimiento de un pariente suyo al que estimaba enormemente. Entonces me quedé solo, como siempre. Y mientras pasaban los días, supe que lo extrañé muchísimo. Tal vez si hubiera estado a mi lado, jamás habría yo cometido esta locura
Cuando mi padre iba a darle otra patada en el vientre a mi pobre madre, su rostro había recibido el potente impacto de mi pierna izquierda. Fue así como quedó muy desequilibrado y entonces aproveché la oportunidad de fulminarlo a golpes contra su abdomen, una y otra vez, sin parar ¡Una y otra vez!, ¡sin parar! Mientras algunas lágrimas mías, como cristales, se estrellaban en el suelo ante la atónita mirada de mi flagelada madre Luego, le quebré las piernas como si rompiera cadenas, ¡cadenas!, ¡cadenas alrededor de mi cuello!, ¡al fin libre de esa mierda! Sus brazos se torcieron como madera roída; sus manos fueron trituradas como barro y su pecho fue aplastado como polvo y arena. Y así, bajo la atmósfera de la inferioridad, el mismo rencor con que me trataba, lo condenó a través de mi poderosa furia. Inmóvil, mi padre ya no podía hacer nada contra nosotros ¡Yo te vencí! le dije - ; ¡el bastardo al que siempre rechazaste y consideraste débil te ha sacado la mierda!. Alberth, por favor, no me mates, suplicó en un torpe intento por enmendar el daño ya perpetuo en mi oscuro corazón, donde todo vestigio de esperanza ha sido reducida a cenizas Mientras tanto, ciego de ira, contemplaba su inesperada desgracia con una cínica sonrisa; toda esa sangre maquillando su dolor, sus miembros inhabilitados, como una cucaracha sin patas, tratando en vano de levantarse; debo de estar loco porque eso excitó mis impulsos destructivos. Fue entonces cuando, a pesar de que mi madre haya intentado detenerme, le dije el golpe final en el cuello con la puntas de mis dedos, como si fueran un sable, de modo que se le cortara irremediablemente la respiración, sin antes decirle: Tú nuca tuviste piedad de mi madre. Su muerte fue lenta, punzante y llena de angustia. Mi padre sufrió cada segundo, pagó así todas sus infamias, absolutamente todo. Sus ojos se tornaron llorosos y sus labios partidos parecían decir inútilmente: Perdón Eso fue lo que me puso extremadamente nervioso Entonces me puse a llorar como un niño desconsolado, con la misma intensidad en que había estrangulado a mi padre, ¡con la misma intensidad! Me puse a llorar, arrodillado, sin saber qué mierda hacer
Debí estar en shock porque no sé cuánto tiempo transcurrió desde entonces; pero ya era demasiado tarde para arrepentimientos, porque la policía ya había llegado y de inmediato me trasladaron a lo que sería mi nueva cárcel: La Correccional de menores de Tacna. Llevo aquí dos años y en este momento, desde mi cama, sigo llorando sin parar. Porque nadie viene a verme, nadie se interesa por mí, nadie tiene en cuenta que incluso el más malvado tuvo alguna vez un corazón inocenteAunque no me ames, te extraño, mamá
GRACIAS A TI POR HACER DE MI VIDA UN MILAGRO...
TE AMO, MARIPOSA DE HUMO.
De: T-T Ángel caído T-T
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